El 13 de agosto, los miembros de Fotocromía tuvieron la hermosa oportunidad de conocer a Maiki. Hace más de 20 años hace cine para niños y con niños. Todo empezó cuando ella tenía 16, al unirse como voluntaria a un festival de cine para niños que se celebraba en su ciudad natal, al norte de Finlandia.
En realidad es trabajadora social, pero más adelante estudió pedagogía, y siempre le gustó el arte, así que después estudió cine y hoy su trabajo es una mezcla de todo ello.
Con el tiempo ha desarrollado la flexibilidad cultural para poder trabajar con niños de distintos países, por ejemplo, en México no se tienen los mismos problemas que en Finlandia, que son de papás con dificultades, que se divorcian, o niños que consumen alcohol y drogas, o con problemas mentales y físicos y es necesario actuar en esos casos.
Muchos que trabajan lo que ella se topan con similitudes en problemas de minorías, la visión es igual en relación a los sentimientos. Ella ha trabajado con aborígenes en Australia, con Gitanos, niños con discapacidad física y mental, y esta vez con niños indígenas.
Para ella sin embargo, los niños son niños en todo el mundo. Su trabajo más que trabajo social, es un trabajo de educación en medios, en arte, que aunque involucra un análisis social, no es lo principal, pues para ella no es importante el contexto, la historia de cada niño, sino el trabajo, pues así asegura que sean tratados por igual todos los niños.
La riqueza de su trabajo consiste en permitir expresar los sentimientos o problemáticas a cualquier niño que asista a su taller, pues cualquier dificultad comunicativa puede ser superada gracias a los recursos que tienen los cortometrajes.
El tiempo en este caso ha ido rápido, este taller debe mostrar sus resultados el domingo 16 de agosto, durante la ceremonia de clausura, gracias al apoyo logístico que ha brindado La Matatena, Maiki ha elaborado junto con los niños indígenas cuatro historias, más de las esperadas.
Para realizarlas, investigó leyendas mexicanas y elaboraron las historias con los niños, también usaron artesanía indígena, y arte huichol. Los títulos son “Los Nahuales” que es una historia oscura y de miedo para niños, “El Conejo Sonriente” que es una historia muy colorida, “La leyenda de los volcanes” para la cual usaron papel Amate, que ella no conocía, le gustó mucho empezar a usar este papel, porque permite trabajar texturas, y la última, una de esqueletos. En Finlandia no existe como tradición convivir con esqueletos, eso es mexicano, pero fue divertido para ella trabajar con los movimientos y las gesticulaciones de las calaveras, porque resultó en movimientos muy locos de los huesudos personajes.
¿Y cómo ha sido para los niños indígenas trabajar con Maiki?
Rebeca 11 años- le gusta y quisiera hacer este trabajo después, y que sea su vida profesional. Es de Sozocotlán, del Puente de Ixtla, pertenece a la comunidad nahua.
Daniela 16 años. También le gustaría dedicarse a hacer películas. También miembro de la comunidad nahua.
Para otros niños, dicen que si tienen esta oportunidad, la aprovechen.
Agustín Girón, que ayuda a Maiki a realizar el taller, dice que trabajar con niños es aleccionador, padre y que los niños con los que están haciendo este taller “son bastante pilas”. Agustín lleva un año y medio trabajando en La Matatena dirigiendo los talleres de animación.
Recorrimos el taller, vimos a los pequeños organizar sus figuras para realizar las últimas animaciones, escuchamos la canción de los esqueletos, observamos a los niños, como todos unos profesionales, ponerse de acuerdo con los efectos de sonido, para que fueran coherentes con la historia.
Maiki nos platicó también que todo el material realizado, se exhibirá en el Festival de Finlandia, donde se muestran cortos para niños hechos por niños, de esta manera podrán ver la película y todos los personajes que actuaron.
El cine es una oportunidad de viajar por el mundo. Hay muchas historias, por ejemplo, el primer amor, que es igual en cualquier parte del mundo, sentimos igual, en vez de estar fijándonos en lo que tenemos de diferente, tenemos que fijarnos en lo que es similar. Estos talleres son una forma de educar de ese modo, como tratar de ser amables, no racistas y entender que aunque tu piel es oscura y vivas en México o Finlandia o África, tus sentimientos son los mismos así que somos similares aún cuando nos vemos diferentes.
Otra cosa que los niños aprenden es cómo se hacen las películas, porque han hecho un corto, y en el futuro sabrán que detrás de la película hay una cámara y un hombre, que no todo es cierto. El cine permite manejar colores, y educar de forma divertida. Por ejemplo, estos filmes que se han hecho con el taller, se puede aprender acerca de la historia de México, historias de mayas y aztecas que otros podrán ver.
También sirve para ayudarte a saber cómo comportarte o cómo hacerle si alguien llega a ti triste, o cuando alguien se enferma, pues esas cosas son iguales en cualquier parte del mundo.
Maiki espera que la gente abra los ojos y cambie su manera de pensar con su trabajo, que después del taller o después de ver el corto, salgan con una idea diferente. Además siempre alguien gana algo, los niños al hacer el taller, el público que los ve, aunque no es su objetivo hacer a los niños cineastas, sí quiere que sepan que pueden hacer películas.
Kantola piensa que nunca ha dejado de ser niña en el fondo, y lo notamos porque trabaja al nivel de los niños. Es un privilegio, no todos los adultos pueden conservar a su niño interior, y por eso es el mejor trabajo del mundo para ella.
Tan es así, que los hijos de sus amigos reciben un DVD con sus filmes cada navidad. Quién pudiera estar cerca de ella. Al poco tiempo de estar editando, tomó a un niño en brazos para besarlo, llena de ternura. Nos dice que como es el último día de trabajo, el amor está en el aire… pero después de pasar este rato con ella, sabemos que en realidad, ella está hecha de amor, y su trabajo también.
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