19 DE SEPTIEMBRE, MAS DE UN DERRUBME…

Edificio Colpasado

Fuente de la imagen : Wikipedia.

Era jueves cuando mi papá intentaba dejarnos en la escuela a mis hermanos y a mí. Yo estaba en segundo de secundaria en un Colegio que entonces no era lo chafa que se volvió después de que se fue de Pedregal de San Francisco, Coycoacán.

La fila de autos en Cerro del Hombre era larga. No sólo iban los alumnos de mi Colegio, sino que también los del colegio de enfrente, que aún sigue en dicho domicilio. Yo tuve un leve presentimiento. Suelo tenerlos. Pero no le hice caso, como siempre, no les hago caso. Unos días antes estuvimos comentando en casa que si ocurriera un temblor estando en la escuela, no pasaría nada, porque en esa zona hay una gran placa de piedra volcánica que sirve de cimiento y no se vendría abajo nada, además de que las columnas enormes de la construcción de mi colegio, garantizaban seguridad.

Es curioso cómo las cosas a veces se tejen en una coherencia que no podemos ver a simple vista. Nos decimos cosas que aparentan no tener relevancia y luego se vinculan completamente con los sucesos posteriores.

Vivíamos en la colona Narvarte. A esa hora, siete y diez de la manaña, mi padre al fin se podía detener frente al portón del colegio, haciéndonos bajar a toda prisa para que no perdiéramos clase. Como ya era casi la hora de entrada, mi hermana se metió directamente en la sección de la preparatoria, y mi hermanito, en la primaria, frente a una alberca que hoy lamento no haber disfrutado más.

Yo era muy relajienta. Cualquiera que esté en segundo de secundaria lo es, creo. Después de echar desmadre en la calle, me dispuse a entrar a mi salón, para ello tenía que recorrer un pasillo largo, desde el que se podía ver la misma alberca de la que hablé hace rato.

Recién cruzamos mis compañeras y yo la primera puerta de vidrio, una niña empezó a gritar que temblaba, pero yo no lo sentía aún. Lo pude hacer en el siguiente paso que dí. La compañera que venía a mi lado derecho, me hizo papilla el brazo porque veía la alberca, que yo no volteé para mirar, y también ignoraba mis comentarios. Yo recordé la charla que habíamos tenido con mi padre, y le hablaba de la fortaleza del edificio, le decía que no iba a pasarnos nada, que se tranqulizara.

Todo el camino hacia la sección de secundaria lo recorrimos en más de tres minutos, cuando siempre llegábamos en un santiamén. Había sido largo el temblor y muy perceptible. Pero no sabíamos a qué nos ateníamos. No había luz eléctrica, y nos metimos al salón nada más porque ya era hora.

Yo estaba en el grupo problema, siempre iba por nosotros el prefecto para ponernos un castigo. Así que cuando llegó con nosotros y dijo “segundo A” yo inmediatamente pensé que nos llevaría al patio, pero no. Nos hizo entrar en el salón, y el director de secundaria nos hizo saber que había sido fuerte el temblor, que los papás estaban yendo por todos los alumnos, que nos ibamos a ir, y que como había cortes en los servicios de luz y agua, las clases se suspendían hasta nuevo aviso.

Entonces encendimos una radio. La colonia Narvarte era una de las más afectadas. Estaba escuchando con mis compañeros que había derrumbes y que la gente estaba sacando con las manos a los atrapados. Sin embargo, a los trece años, y con compañeros en plena ebullición de adolescencia, no es simple darse cuenta de la magnitud de los sucesos. Yo quería echar relajo porque no había clases.

Al salir vi a mi mamá blanca del susto querer llevarnos a la voz de ya a la casa, pero no quería irme, le dije que estaba padrísimo todo, y ella me contestó indignada que cómo me atrevía a decir que era padre si estaba horrible todo… pero nosotros estábamos en Coyoacán, en la escuela, no habíamos visto nada todavía. Para todos los alumnos, la cosa era normal como cualquier día, excepto porque había temblado hacía un par de horas, pero no sabíamos lo que había afuera.

Tampoco lo supe en el camino a casa… no había nada raro. Claro, en Coyoacán no había nada extraordinario… Sólo vi los enormes ventanales de un edificio setentero hechos añicos en el piso, en la glorieta de la SAHOP. Estábamos ya en la colonia donde había derrumbes varios. Pero no fue hasta que llegamos a nuestra calle que ví varias casas hechas escombros. Pero no había ningún tono de tragedia. La tragedia se reprodujo después, los días siguientes. Cuando empezamos a ver derrumbes múltiples en todas las zonas aledañas a nuestra casa. Cuando vimos al repoertero de Televisa entrar a los escombros de su empresa para hablar con Félix Sordo… que como no lo rescataron a tiempo, falleció. Eso ya me dio miedo.

Y cada día, el color del temblor se fue oscureciendo para nosotros, no porque la réplica nos haya asustado, pues duró una eternidad para todos, que estábamos en el quicio de la puerta pensando en nuestro interior que estaba muy fuerte, sino porque cada vez descubríamos más efectos en nuestro entorno. Eran días paralizados, sobreviviendo nada más con cubetas de agua recogidas en el parque, cenando con luz de velas, escuchando la radio todo el tiempo, o mirando la PX, que se podía conectar al coche y de vez en cuando la ponía mi papá para saber cómo estaba todo.

Los cadáveres no reconocidos, estaban siendo depositados en el parque del Seguro Social, que estaba cerca de nuestra casa. Para mí eso fue lo que puso peores las cosas, yo, niña de trece años, de secundaria, con un resabio fuerte de niñez, sentí miedo de los muertos.

Fue tan fuerte el impacto, que ahora que estoy casada, durante el tiempo que volvimos a vivir en la zona, sentía rechazo fuerte a ir a la plaza comercial que hoy se encuentra en el mismo predio. No puedo olvidar que ahí esperaron a sus familiares, o la sepultura anónima personas cuyas vidas eran tan cotidianas antes de esos dos minutos. Mi vida tampoco fue tranquila mientras estuvimos viviendo ahí. Nunca me sentí a gusto.

Para todos descubrir que los edificios que se derrumbaron tuvieron algo qué ver con la mano del gobierno puso en evidencia la corrupción en materia de construcción. Las varillas de los edificios caídos eran sumamente delgadas, la calidad de los materiales daba vergüenza. Y el dolor de los niños muertos, madres recién paridas, parejas amándose, era excesivo. ¡Qué falta de respeto! Quedarse con parte del presupuesto para el bolsillo personal y que paguen con sus vidas las personas que nunca pudieron salir de los escombros.

¿Cuántas veces han pagado con sus vidas las personas más vulnerables la corrupción de un gobierno? Ni siquiera sabemos cómo empezó, la cosa es que todos tienen que ser más corruptos que inteligentes cuando ostentan cargos públicos, y los que quieren hacer su trabajo bien, son echados fuera. No importa su corriente política, todos hacen lo mismo, que no vengan acá a pararse junto a mí apuntando con su dedo a los gobiernos corruptos, porque después de los acontecimientos de Atenco, me queda claro que no importa la afiliación política, hacen más o menos lo mismo. Tal vez la diferencia sea el descaro con que unos lo hacen y el cinismo con que otros se las arreglan.

Eso es lo que pasa como resultado del temblor, luego de la tragedia, tuvimos un mundial. Se parece tanto al ‘68, en el sentido de que para tapar sangre hacen un mitote a nivel mundial que deje claro a las cámaras del mundo que México está en excelentes condiciones, que podemos salir adelante… porque no dejaron que los periodistas visitaran calles interiores de la ciudad.

Pero en ese momento, no sólo se derrumbaron edificios, sino la confianza de la gente. La única forma en la que pudieron quedarse con la silla presidencial los priístas fue robando a todas luces las elecciones en las cuales el pueblo votó`por Cárdenas. Pero la herida estaba hecha, era cosa de tiempo, el PRI ya no tenía el poder y se quedaba con todo de maneras cada vez menos ocultables. Lo peor de todo no es que hayamos echado al PRI de Los Pinos, sino que ahora tenemos un gobierno corrupto, cabrón y descarado. No ocultan sus carencias, pero hablan como si no existieran.

Yo no le voy al PRD, pero no me vengan con que Mëxico ya votó y que la cosa fue limpia, tampoco con que si yo hubiera sido funcionario de casilla, me estaban diciendo corrupta a mí. El conteo fue alterado matemáticamente. Cuando yo voté, me pusieron tinta deleble, no indeleble. Digo que si me lavaba las manos se iba la tinta y podía votar otra vez. Quise denunciarlo, pero nadie me hizo caso. NADIE. Y ese hecho, después de todos los discursos anteriores de desarrollo nacional, me volvieron a poner en 1985. Seguimos siendo lo mismo… nada más cambiamos de color.

Cuando volvieron las clases en 1985, una de mis compañeras había perdido a su madre, desapareció. Nadie supo nunca si murió o se fue y ya. Ella cambió, dejó de ser extrovertida. Pasaba mucho tiempo callada. Recuerdo que cuando el ejército recibió la orden de no buscar más, muchos edificios derrumbados fueron nombrados edificio tumba… En ese mismo invierno, resultó que los pájaros se caían muertos en las calles por la contaminación y los niños nacían sin cerebro por el plomo, y morían a las pocas horas… eso decían. Al año siguiente la crisis económica era galopante, y se tuvo que recorrir al pacto de solidaridad económica, para mantener los precios bajos.

Hoy cada vez que voy a la colonia Roma, al caminar por Chihuahua me cruzo a la acera sur, porque ahí, como en muchas calles, se ha quedado olvidado un edificio tumba, en cuyos bloques de concreto ya hasta crecen las plantas. Sé que entre lo que fueron departamentos, hay gente aplastada, huesos ya, testimonio de lo que pudo evitarse.

También hoy, a punto del precipicio, algunos productos tienen precio controlado, en un temor latente de que la crisis nos vuelva a visitar… y eso que dicen que nuestro gobierno continúa con los más de diez años del mismo plan económico…

¿Podríamos hacer simulacros de crisis económica para estar preparados, igual que se hacen para evitar consecuencias graves de los sismos?

Escribió : Leticia López Perez

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