19 DE SEPTIEMBRE, MAS DE UN DERRUBME…

Septiembre 20, 2008
Edificio Colpasado

Fuente de la imagen : Wikipedia.

Era jueves cuando mi papá intentaba dejarnos en la escuela a mis hermanos y a mí. Yo estaba en segundo de secundaria en un Colegio que entonces no era lo chafa que se volvió después de que se fue de Pedregal de San Francisco, Coycoacán.

La fila de autos en Cerro del Hombre era larga. No sólo iban los alumnos de mi Colegio, sino que también los del colegio de enfrente, que aún sigue en dicho domicilio. Yo tuve un leve presentimiento. Suelo tenerlos. Pero no le hice caso, como siempre, no les hago caso. Unos días antes estuvimos comentando en casa que si ocurriera un temblor estando en la escuela, no pasaría nada, porque en esa zona hay una gran placa de piedra volcánica que sirve de cimiento y no se vendría abajo nada, además de que las columnas enormes de la construcción de mi colegio, garantizaban seguridad.

Es curioso cómo las cosas a veces se tejen en una coherencia que no podemos ver a simple vista. Nos decimos cosas que aparentan no tener relevancia y luego se vinculan completamente con los sucesos posteriores.

Vivíamos en la colona Narvarte. A esa hora, siete y diez de la manaña, mi padre al fin se podía detener frente al portón del colegio, haciéndonos bajar a toda prisa para que no perdiéramos clase. Como ya era casi la hora de entrada, mi hermana se metió directamente en la sección de la preparatoria, y mi hermanito, en la primaria, frente a una alberca que hoy lamento no haber disfrutado más.

Yo era muy relajienta. Cualquiera que esté en segundo de secundaria lo es, creo. Después de echar desmadre en la calle, me dispuse a entrar a mi salón, para ello tenía que recorrer un pasillo largo, desde el que se podía ver la misma alberca de la que hablé hace rato.

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Editorial

Agosto 11, 2008

REQUIEM POR AURA

Fuente de la imagen: www.congresosdelalengua.es

Hace tres años empezó a llegar a mi correo con regularidad un extracto del blog de Alejandro Aura. Yo no conocí en persona a este escritor, así que primero pensé que era un homónimo suyo equivocado. En tales casos abro el mensaje y respondo que no soy su destinatario, para que el remitente sepa que se equivocó y pueda hacer llegar sus palabras a quien se quería dirigir. Al abrir el primer mensaje me di cuenta de que era el mismo Aura al que yo admiraba, así que nunca borré sus correos de mi buzón y jamás solicité que me borrara de su lista postal.

Me sentía importante al recibir sus mensajes en mi correo personal. Un día, buscando proyectos nuevos le escribí. Su respuesta fue: “mi único proyecto actualmente es sobrevivir”. Así entré en su blog y se me cayó el ánimo, porque me di cuenta de la razón de sus mails: Alejandro tenía cáncer.

Ya no dejé de mirar sus textos cada vez que me llegaba algo suyo. A veces me quedaba dos o tres horas leyendo su blog, contemplando los detalles de su ánimo.

Tendría yo 12 años cuando mi padre sintonizó la televisión en el canal 7, que entonces era IMEVISIÓN, y un hombre canoso, con anteojos grandes y buen humor entraba en cuadro cantando algo que hoy no recuerdo bien, pero sí sé que era gracioso, que me hacía reír. Este hombre anunciaba una sección donde un cheff sin antebrazos hacía una ensalada en la que caía un cascarón de huevo. El cheff trituraba los fragmentos con el brazo, diciendo que el calcio es bueno. En casa nos reíamos con eso hasta las lágrimas.

“Entre amigos” era un programa esperado en casa. La hora de cenar (que atrasamos para hacerla viendo la tele) se vovía amena gracias a Andrés Bustamante y Alejandro Aura. Así los conocí a ambos.

Yo sabía en mis primeros años de adolescencia, que después de El Cuervo, se creó El Hijo del Cuervo, lugar asociado a Aura, quien llenaba las calles de Coyoacán con su poesía. Eso me hizo considerarlo un “amigo” para mi intelecto, como lo fue Sabines, Paz, Juan de la Cabada, Arreola entre otros. Ellos alimentaron mi psique y coadyuvaron a la formación de lo que soy.

Alejandro siempre fue esa sonrisa presente en la pantalla, a la que aludía mi mente con sus textos, o en las lecturas de “El Club de las Aureolas”.

Luego se fue a España, y los programas de “En su tinta” fueron visitados por intelectuales españoles. Yo siempre fiel seguidora de sus andanzas, leí hace tres semanas que Alex estaba preocupado por sus cosas, porque quedarían huérfanas, que sus hijos habían ido a verlo, que el dolor era casi insoportable y que no podía dormir bien, porque del lado que se acomodara le dolía… y ví la foto del aparato que le ayudaba a respirar.

Entonces le dije a todo el mundo que estaba preocupada, que Aura estaba muy mal y que el final estaba cerca.

Lamento no haberme equivocado. El 30 de julio se despidió Alex. Yo sentí la sorpresa que uno experimenta cuando pierde algo, cuando se va una idea que un instante atrás estaba clara.

Alex ya sufría mucho. Es mejor que haya dejado ese cuerpo que ya le hacía difíciles los días y las noches. Yo empiezo a extrañarlo, y eso que él no me vio en persona nunca. Descansa en paz, amigo del alma.

Texto: Leticia López Pérez.