Editorial

Agosto 11, 2008

REQUIEM POR AURA

Fuente de la imagen: www.congresosdelalengua.es

Hace tres años empezó a llegar a mi correo con regularidad un extracto del blog de Alejandro Aura. Yo no conocí en persona a este escritor, así que primero pensé que era un homónimo suyo equivocado. En tales casos abro el mensaje y respondo que no soy su destinatario, para que el remitente sepa que se equivocó y pueda hacer llegar sus palabras a quien se quería dirigir. Al abrir el primer mensaje me di cuenta de que era el mismo Aura al que yo admiraba, así que nunca borré sus correos de mi buzón y jamás solicité que me borrara de su lista postal.

Me sentía importante al recibir sus mensajes en mi correo personal. Un día, buscando proyectos nuevos le escribí. Su respuesta fue: “mi único proyecto actualmente es sobrevivir”. Así entré en su blog y se me cayó el ánimo, porque me di cuenta de la razón de sus mails: Alejandro tenía cáncer.

Ya no dejé de mirar sus textos cada vez que me llegaba algo suyo. A veces me quedaba dos o tres horas leyendo su blog, contemplando los detalles de su ánimo.

Tendría yo 12 años cuando mi padre sintonizó la televisión en el canal 7, que entonces era IMEVISIÓN, y un hombre canoso, con anteojos grandes y buen humor entraba en cuadro cantando algo que hoy no recuerdo bien, pero sí sé que era gracioso, que me hacía reír. Este hombre anunciaba una sección donde un cheff sin antebrazos hacía una ensalada en la que caía un cascarón de huevo. El cheff trituraba los fragmentos con el brazo, diciendo que el calcio es bueno. En casa nos reíamos con eso hasta las lágrimas.

“Entre amigos” era un programa esperado en casa. La hora de cenar (que atrasamos para hacerla viendo la tele) se vovía amena gracias a Andrés Bustamante y Alejandro Aura. Así los conocí a ambos.

Yo sabía en mis primeros años de adolescencia, que después de El Cuervo, se creó El Hijo del Cuervo, lugar asociado a Aura, quien llenaba las calles de Coyoacán con su poesía. Eso me hizo considerarlo un “amigo” para mi intelecto, como lo fue Sabines, Paz, Juan de la Cabada, Arreola entre otros. Ellos alimentaron mi psique y coadyuvaron a la formación de lo que soy.

Alejandro siempre fue esa sonrisa presente en la pantalla, a la que aludía mi mente con sus textos, o en las lecturas de “El Club de las Aureolas”.

Luego se fue a España, y los programas de “En su tinta” fueron visitados por intelectuales españoles. Yo siempre fiel seguidora de sus andanzas, leí hace tres semanas que Alex estaba preocupado por sus cosas, porque quedarían huérfanas, que sus hijos habían ido a verlo, que el dolor era casi insoportable y que no podía dormir bien, porque del lado que se acomodara le dolía… y ví la foto del aparato que le ayudaba a respirar.

Entonces le dije a todo el mundo que estaba preocupada, que Aura estaba muy mal y que el final estaba cerca.

Lamento no haberme equivocado. El 30 de julio se despidió Alex. Yo sentí la sorpresa que uno experimenta cuando pierde algo, cuando se va una idea que un instante atrás estaba clara.

Alex ya sufría mucho. Es mejor que haya dejado ese cuerpo que ya le hacía difíciles los días y las noches. Yo empiezo a extrañarlo, y eso que él no me vio en persona nunca. Descansa en paz, amigo del alma.

Texto: Leticia López Pérez.